Velas decorativas en barro negro: la luz de México

Velas decorativas en barro negro: la luz de México

Hay lugares que guardan verdaderos tesoros artesanos. Uno de ellos es san Bartolo Coyotepec, en México, un pueblecito en el que se produce una de las piezas más reconocibles de las artesanías mexicanas: el barro negro. Hoy te descubrimos una modalidad de trabajar ese barro ideal para la decoración del hogar: las velas.


Portavelas originales, desde México con amor

Hay lugares que esconden auténticas cositas viajeras, llenas de fuerza y potencia creativa. Uno de ellos es, sin duda, San Bartolo Coyotepec, un pequeño pueblo a 16 kilómetros al sur de Oaxaca, en México. La mayor parte de sus familias no viven de la agricultura, como sucede en otras localidades del entorno, sino que llevan un pequeño artista en su interior: producen y tallan con inmensa delicadeza un material que les ha dado fama internacional, el barro negro. En cualquier paseo por este pequeño pueblo, de casas de adobe y aire tranquilo, se puede apreciar la influencia de un material que no es solamente arcilla, sino parte de la identidad de San Bartolo.

Las velas y portavelas en barro negro son un ejemplo refinado de la belleza que puede llegar a adquirir este material. Olvídate de las piezas de arcilla gruesa y los acabados poco cuidados. Despréndete de tus ideas sobre las velas y portavelas en serie, porque los realizados en barro negro son únicos, cocidos a mano y calados con extremo cuidado. No hay ninguna pieza igual, y eso es lo que les confiere una absoluta exclusividad. Los dibujos florales y las decoraciones geométricas crean delicados huecos en el barro que proyectan una luz vistosa y no esperada. De ahí que los portavelas originales en barro negro sirvan tanto para poner pequeñas candelas e iluminar un espacio como, por su belleza, para decorar cualquier rincón de tu casa, incluso sin vela en su interior. Pueden adoptar tamaños diversos y decoraciones y formas igualmente variadas, pero todos ellos comparten su gusto por los pequeños detalles y una conexión con elementos naturales y con las propias tradiciones de San Bartolo Coyotepec. Junto con los jarrones constituyen dos de los ejemplos más cuidados de este tipo de artesanía.

Las velas y portavelas son auténticas muestras de orfebrería cerámica, joyas en arcilla que te transportarán directamente, con su luz, a los parajes mexicanos de los que proceden, a la fuerza de sus aldeanos y al trabajo de sus mujeres, que tallan con cuidado y cariño piezas que en sí mismas contienen una sabiduría milenaria. Son más que un simple elemento decorativo: atesoran en su iluminación los saberes de todo un pueblo. ¿Cómo se fabrican? Te lo contamos paso a paso.


Velas artesanales paso a paso

Poco conocido en España, la historia del barro negro es sin embargo fascinante. Se comenzó a trabajar en la región desde tiempos precolombinos, por lo que cada pieza que lo contiene nos remite al pasado más remoto del país, a una auténtica conexión telúrica con las raíces propias, desligadas de todo contacto con los conquistadores llegados desde el otro lado del Atlántico. Los primeros trabajos con este tipo de cerámica se atribuyen a los zapotecos y a los mixtecos, habitantes de los valles centrales de Oaxaca desde tiempos remotos. Ya en esa época, sus artesanos conseguían hacer maravillas con el abundante lodo de los alrededores, con los que creaban vasijas, ollas y figuras de diversa apariencia.

La tradición y la técnica nunca se perdieron, pero hubo que esperar a los años cincuenta del siglo XX para que una mujer del pueblo, Doña Rosa, diese un nuevo impulso al barro negro en su taller, en el que descubrió cómo cambiar el color y el brillo del barro mediante una novedosa técnica de cocimiento. Su taller sigue abierto hoy en día y ha adquirido categoría museística, pues tal fue su éxito con la nueva técnica, que pronto los obradores vecinos se hicieron también con ella.

El método de elaboración del barro negro, con el que se crean también las velas decorativas y portavelas, ha cambiado poco desde aquellos remotos tiempos precolombinos, y se transmite de padres a hijos, en un auténtico ejercicio de herencia artesana. La arcilla para elaborar el barro se extrae a golpe de pala, pico y barreta de un paraje ubicado en las faldas del cerro del municipio, “La Mina”. Cuando llega a los talleres artesanos diseminados por todo el pueblo, se deja secar al sol, se limpia, se remoja durante varios días y finalmente se amasa con los pies y se guarda rápidamente para que no pierda su humedad. Tras todo este proceso, está listo para utilizarse. Es ahí cuando todos los miembros de la familia participan en su elaboración. Son las mujeres las que más a menudo fabrican las piezas, siempre manualmente.

Al hornearse, en hornos subterráneos y con fuego lento hasta llegar al rojo vivo, es cuando el barro negro adquiere su color característico por el humo encerrado en el horno y la falta de oxigenación, pues todas las entradas y salidas de aire se cierran. Luego, se deja secar al sol durante cuatro días, y posteriormente se pule a mano, con piedras de cuarzo. Esta compleja técnica se inculca en el seno de las familias de San Bartolo de generación en generación. Por ello, el barro negro es un verdadero producto comunitario, resultado de las observaciones, prácticas y consejos transmitidos durante siglos, de ahí que se considere un producto esencial de la artesanía mexicana.

Refinamiento en cerámica

La producción artesanal es hoy en día en Oaxaca una de las actividades con mayor tradición e importancia dentro de la economía de todo México. Es un ejemplo de cómo las culturas autóctonas pueden sobrevivir en base a sus recursos naturales y a un saber hacer milenario que les permite autosubsistir manteniendo técnicas y saberes que en otros lugares han desaparecido en plena época de globalización. El barro negro ha transitado desde un carácter puramente utilitario en sus orígenes hasta la función ornamental que hoy en día tiene mayoritariamente, y que lo convierte en un producto ideal para la decoración del hogar. Un largo camino ha sido recorrido desde la fabricación de utensilios rústicos, con carácter práctico hasta principios del siglo XX (cántaros para el agua, ánforas para el mezclal…) hasta la belleza de las piezas ornamentales pulidas y con brillo que se empezaron a crear años después y que causaron la admiración del escritor Paul Van de Velde cuando visitó San Bartolo. Lo que no ha cambiado es su capacidad para ejercer una profunda fascinación sobre todos aquellos que se hacen con una de estas impresionantes cositas viajeras.