Portavelas artesanales: cuando la iluminación se convierte en magia

Portavelas artesanales: cuando la iluminación se convierte en magia 

Hablábamos en un post anterior de la historia de la vela, de como esos objetos que nacieron para simplemente iluminar acabaron convirtiéndose, con el paso de los años, en velas decorativas de belleza embriagadora. Lo mismo sucede con los portavelas artesanales: lejos ya los tiempos en los que eran producidos con un fin puramente utilitario, como simples objetos para contener, proteger y sujetar las candelas, han reinventado sus materiales y formas para convertirse en piezas verdaderamente mágicas.

 

De la utilidad a la belleza

Su nombre claramente nos remite al uso con el que nacieron: se trata de recipientes en los que las velas artesanales podían sujetarse sin riesgo de caer al suelo, romperse o incluso provocar un incendio con su llama, en un momento en el que estas eran objeto de uso muy extendido. Tenían, en efecto, una función muy asociada a la seguridad y a la necesidad de mantener vivo el fuego de la candela cuando la luz eléctrica todavía era una quimera, un imposible con el que ni siquiera se soñaba. Hacer portavelas era un procedimiento relativamente sencillo: se necesitaba un material resistente al calor y maleable, de manera que pudiese crearse en su interior un agujerito o pequeño nueco para mantener la vela erguida y firme. La función ornamental no existía todavía en este método de iluminación, que en sus orígenes primitivos se realizaba habitualmente en papel de arroz.

Progresivamente, la nobleza y la Iglesia, como elementos más adinerados de la sociedad, fueron introduciendo portavelas más y más ornamentados en sus palacios y templos, como una muestra de poder y de distinción frente a las capas inferiores de la sociedad. Fueron apareciendo piezas realizadas en materiales costosos para la época, como los portavelas de cristal, como símbolo de status y prestigio, y surgieron también los faroles portavelas, que podían colgarse y crear así una iluminación absolutamente orquestada de acuerdo con los fines que se persiguiesen en cada momento. 

 

Intimidad y simbolismo

Con el surgimiento de la luz eléctrica muchos vaticinaron que había llegado el fin de las velas y portavelas. Nada más lejos de la realidad. Bien es cierto que con a luz eléctrica desapareció el componente de necesidad de la vela, pero no su capacidad para crear entornos mágicos y envolventes, dotadas de una intimidad que nunca ha alcanzado la luz eléctrica. Además, las velas se han renovado con nuevos formatos, como las velas decorativas y aromáticas, que añaden una creciente sofisticación a un producto muy humilde en sus orígenes. Esa vela artesanal ha ido asociada a portavelas originales, que ya no se quedan únicamente en un objeto puramente utilitario, sino que se convierten en verdaderas piezas artísticas, desde el farol portavelas más sencillo hasta los ejemplares más elaborados, capaces de servir de hermoso soporte a una vela decorativa o a las cada vez más extendidas velas perfumadas.

Los portavelas, además de su uso ornamental y utilitario, han tenido tradicionalmente un gran simbolismo religioso. Se han empleado en rituales en los que la luz adquiría un profundo significado. En los hogares judíos, por ejemplo, se encienden dos luces para marcar el inicio del Sabbath cada viernes, por lo que el portavelas es un objeto muy presente en todos los rituales hebreos. Igualmente, en las iglesias cristianas altos portavelas se ubican en diversos lugares junto al altar, aportando luminosidad y misticismo al espacio.

 

 

Un objeto de hondas raíces culturales

Cada cultura ha desarrollado sus propios modelos de portavelas artesanales, que tienen mucho que ver tanto con los materiales disponibles en su entorno más inmediato como con las tradiciones artesanas de uno y otro lugar. En México, los portavelas de barro negro sirven de sustento económico a familias enteras en el pueblo de San Bartolo Coyotepec, donde se producen en hornos bajo tierra hasta que adquieren su color característico. Piezas realizadas en arcilla, sin embargo, visualmente, por su tonalidad negra y sus delicados calados, parecen objetos con tintes casi escultóricos.

En Pakistán son habituales los portavelas realizados en sal del Himalaya, obtenida de una de las minas con mayor antigüedad del mundo (explotadas desde hace mas de 250 millones de años). Con gran paciencia y precisión, los artesanos llevan siglos remodelando las piedras de sal sin pulir para convertirlas en lámparas artesanales y portavelas de formas muy diversas, que van desde las geométricas hasta las que adoptan aspectos mas originales, como las de estrella.

En la India, los alfareros son los encargados de elaborar portavelas de barro que se emplean en los festejos de Diwali, que conmemoran el comienzo de un nuevo año con un festival de luces que también sirve para honrar a Lakshmi, la diosa de la prosperidad y la riqueza. Casas y espacios públicos se decoran con velas de diversas formas y tamaños que se introducen dentro de estos portavelas de barro hechos completamente a mano.

La artesanía turca es rica en influencias culturales venidas de Oriente y Occidente. No en vano, Estambul, con su puente a medio camino entre ambos mundos, ejemplifica el pasado y el presente de un Estado en el que se entrecruzan modos de hacer muy variados, que tienen también su traducción en los portavelas artesanales: muy típicos son los realizados en cristal de Murano, proveniente de Italia, pero con una decoración de mosaico de hondas raíces orientales. El cristal de colores tamiza la luz y crea una iluminación de innegables toques mágicos. La misma magia rezuman los portavelas marroquíes, que también son a menudo elaborados en vidrio y pintados en vivos colores. Esa viveza cromática es una de las señas de identidad de todos los productos hechos a mano en el país. En otros viajes encontramos portavelas realizados en materiales incluso más llamativos. Es el caso de Paraguay, donde pueden encontrarse ejemplares de la artesanía indígena forrados con fibras naturales que proceden de los propios bosques paraguayos.

Los portavelas artesanales son un ejemplo de sostenibilidad y apego a la tierra. Se elaboran con los materiales disponibles en cada contexto, y son muestra de un saber hacer y unas tradiciones antiquísimas, que se pierden en la noche de los tiempos. Con ellos, sin duda, la iluminación se convierte en magia.