Joyas bereberes, belleza y simbolismo: aleja ese espíritu, atrae el amor

Joyas bereberes, belleza y simbolismo: aleja ese espíritu, atrae el amor 

Colgantes que alejan los malos espíritus y permiten retener el amor del marido, delicadas fíbulas para sujetar vestidos de fiesta, orfebres judíos que llegaron desde Al-Ándalus para trabajar con mimo la plata al otro lado del Estrecho, pulseras y anillos de las novias que se bañan en un tazón con leche para asegurar una descendencia sana… Las joyas bereberes son mucho más que ejemplos maravillosos de orfebrería, muestras de una bisutería artesanal que hunde sus raíces en la noche de los tiempos: añaden a la característica puramente ornamental un alto significado simbólico e identitario, que las conecta con las tradiciones de un pueblo que el Islam no pudo invisibilizar, y en las que la ortodoxia religiosa se combina con las prácticas animistas y mágicas de épocas anteriores, que los habitantes originarios de Marruecos y Argelia se han empeñado en mantener pese al empuje de los invasores árabes. 

Resulta muy curioso saber que esas piezas, realizadas generalmente en plata, son tan hermosas que se consideraba que fabricación tenía algo de prohibido, acaso de seductor y mágico. Es por ello que generalmente su creación era obra de judíos, a quienes se dejaba el oficio por considerarse que era poco ortodoxo que lo practicasen los musulmanes. Cuando, tras la creación del Estado de Israel la mayoría de ellos se fueron de Marruecos, traspasaron sus conocimientos a los vecinos musulmanes, que han intentando, con dificultades, mantener estas piezas únicas hasta la actualidad. Los mellahs o barrios judíos se quedaron desiertos, y con ese éxodo se fueron la inmensa mayoría de sus artesanos y parte de sus técnicas milenarias, que a menudo han quedado en el olvido o reducidas a piezas de museo. 

Simbolismo en cada pieza 

Los collares y pulseras bereberes, como también sus colgantes, fíbulas... nunca son de oro. De hecho, se considera que el amarillo da mala suerte. La plata es el material más empleado, y se asocia a la pureza y a la protección frente al mal de ojo, un miedo recurrente tanto en el Marruecos rural como en el urbano, y que se conjura también con la omnipresente khamsa o mano de Fátima, que trae la suerte al hogar o persona que la porta, y que es otro símbolo recurrente en la joyeria y bisuteria bereberes. Constituye, además, una perfecta muestra de la convivencia que se produce en el mundo rural bereber entre la islamización que trajeron los invasores árabes y una raíz animista que sigue manteniendo su fuerza siglos después de esa invasión. En esa cosmovisión mágica habitan diablillos malvados, los jinn, y Aicha Kandicha, la mujer de insuperable belleza que provocaba la perdición de los hombres. Es por ello que mucha de la joyeria artesanal bereber, como sus collares y pulseras artesanales, tienen un marcado sentido de protección. Por ejemplo, las habituales representaciones de serpientes o escorpiones ayudan a evitar la picadura de estos bichos. Otros elementos animales, como los peces, las tortugas o las ranas, son símbolo de fecundidad, debido al gran número de crías que suelen poseer. El pájaro es mensajero de las buenas noticias, la serpiente protege los cereales y salvaguarda las fuentes de agua en culturas tradicionalmente de honda raíz agrícola; por su parte, el lagarto evita las enfermedades y protege frente al mal de ojo.  

Los elementos geométricos también recorren constantemente los colgantes artesanales, collares artesanales y pulseras artesanas bereberes: una línea quebrada representa el agua portadora de vida, su representación vertical marca la violencia de las fuerzas de la naturaleza; el sol aparece marcado por una circunferencia, el mundo por un cuadrado y la mujer por un triángulo. Otros elementos de marcado simbolismo son la lámpara de aceite, la cruz amazigh, el disco o la rueda. Las cruces repelen las miradas envidiosas y con su forma las mandan lejos, a los cuatro vientos, fuera de quienes las portan; el disco y la rueda remiten a antiguos ritos solares y lunares y conectan con la parte animista del mundo bereber, que tiene su máximo exponente en los pendientes de aro tuaregs, símbolo del recorrido cíclico de estos nómadas por los inmensos desiertos saharauis. Hay asimismo, por curioso que pueda parecer hoy en día en un país musulmán, muchos elementos que han pervivido del repertorio judío, marca de la religión que produjo durante siglos a los mejores orfebres: la estrella de David, los candelabros, ciertas composiciones geométricas...  

La simbología invade desde un colgante hasta una pulsera. Se trata de una bisuteria y joyeria artesanal de enorme fuerza visual y potencia inspiradora. Esa simbología se pone especialmente de manifiesto en los ritos colectivos. Por ejemplo, en las bodas las pulseras y anillos de las novias se depostan en un tazón con leche para asegurar una descendencia sana a los contrayentes. También hay piezas que se usan para proteger de ciertas enfermdades o para conservar el amor del marido, en una suerte de sinergia entre la joyería y la magia.  

Asombrosa variedad creadora 

La artesanía de Marruecos de raíz bereber presenta una variedad asombrosa de piezas: pulsera artesanal para brazos y piernas, fíbulas para sujetar los vestidos, diademas hechas a mano, pendientes, collares, pectorales... Las técnicas creativas son también muy variadas y dan cuenta de la riqueza artesana de Marruecos, que varía desde la austeridad de la plata del Rif hasta el barroquismo de las piezas del valle del Draa, que incorporan coral, conchas, ámbar, bolas de cristal... En la zona de Essaouira, en la costa oeste del país, predomina la filigrana, y la de Tiznit se vuelve a dejar sentir la influencia de Al-Ándalus en la práctica del esmalte, de nuevo traída por judíos desde el otro lado del Estrecho. La huida de los judíos a partir de los años cincuenta del siglo XX ha provocado, sin embargo, que irremdiablemente se hayan perdido ya ciertas técnicas, como la del nielado, un esmalte negro que combinaba óxido de cobre, antimonio, plata y azufre. La filigrana, el moldeado, el esmalte afiligranado completan las técnicas más habituales de la joyería amazigh, que además de la plata, el metal por excelencia, ha empleado tradicionalmente en ciertas zonas el coral, el ámbar o el nácar, así como otras piedras preciosas, dependiendo de la riqueza de la pieza en cuestión.  

La mujer, protagonista de la sociedad amazigh y de sus joyas 

La mujer tiene una gran importancia dentro de la organización social y familiar amazigh, y el hecho de que la inmensa mayoría de las joyas artesanales bereberes formen parte del patrimonio femenino es muestra de ello. Pulseras hechas a mano, pendientes originales, anillos... Todas las piezas de joyería bereber, aunque producidas por hombres, son propiedad de las mujeres. Forman parte de su dote en el momento del matrimonio y, con modificaciones adaptadas al gusto de cada una, pasan en herencia de madres a hijas. En general se emplean para ocasiones de especial relevancia, cerimoniales, marcando la procedencia tribal y geográfica de sus portadoras, pues cada grupo berereber presenta un tipo muy específico de producción joyera. No obstante, en ciertas zonas rurales todavía es posible ver a mujeres llevando sus pulseras originales, sus anillos, al timepo que realizan actividades propias de su cotidianeidad. Materiales y decoraciones marcan su procedencia, de tal manera que cuando, por ejemplo, nos encontramos con una pulsera bereber realizada artesanalmente, sin duda se trata de pulseras con historia a sus espaldas. Lo mismo sucede con las fíbulas para sujetar la ropa, que suelen tener un carácter mágico. El tocado femenino es una de las piezas que mayor simbología llega a adquirir: distingue tanto la tribu y la etnia como el estatus social de la mujer que lo luce, y va desde las diademas simples que adornan cabeza y frente, compuestas de una sencilla banda de tela o cuero con monedas, placas, conchas y perlas, hasta las más ricas y elaboradas, que se sujetan a modo de corona y se realizan con materiales de gran riqueza. Las gargantillas son otras de las piezas más espectaculares. Pueden tener hasta cinco vueltas unidas por perlas rojas, amarillas, azules o negras, y las de mayor tamaño llegan hasta a cubrir el tórax completo, a modo de espectaculares pectorales que nos recuerdan que, en sus remotos orígenes, las joyas bereberes se empleaban también como elemento defensivo, para repeler a posibles atacantes durante las largas jornadas de trabajo en el campo. Algo de esos orígenes queda en esos imponentes collares que progresivamente fueron añadiendo detalles más refinados, como bolas de ámbar o perlas de coral y turquesas.  

Marruecos ha experimentado durante los últimos tiempos una serie de cambios acelerados que han puesto en peligro la joyería bereber, desplazada a menudo por piezas más baratas, más urbanas, más arabizadas. Ese universo de trángulos y círculos mágicos, de caligrafía bereber cuidadosamente engarzada en pulseras y collares corre el riesgo de desaparecer frente a la industrialización de la bisutería. Si eso llega a suceder, le faltará una página a la historia del pueblo bereber, eminentemente oral y que se podía leer a través de sus objetos arqueológicos y su cerámica, pero también mediante sus joyas. De momento, esas piezas mágicas siguen encontrándose en los zocos de Tiznit, Fez, Chaouen, Marrakech o Essaouira, y en las manos de familias campesinas que han conservado durante siglos una orfebería hecha y portada bajo la consigna del auténtico orgullo bereber.