Bolsos de tela artesanales: un viaje por el mundo a través del tejido

Bolsos de tela artesanales: un viaje por el mundo a través del tejido

Los bolsos de tela hechos a mano se convierten en un auténtico objeto de deseo para quienes buscan la originalidad: realizados en un material disponible en cualquier entorno, pero a la vez con especificidades propias según el país y la cultura de los que se trate, permiten diversas personalizaciones. Son, en suma, una manera de romper la homogeneidad de la moda fabricada de modo industrial y de los complementos llegados de China, fabricados en serie y sin ningún tipo de particularidad. Bolsos cruzados, en forma de bandolera, bolsos de mano, mochilas... Su versatilidad y comodidad se combinan con la más absoluta tendencia, pues hace mucho tiempo que los bolsos artesanales, desde una sencilla mochila de cuero hasta un refinado clutch, entendieron que solamente adaptándose a los gustos actuales podrían seguir siendo productos deseados por las nuevas generaciones y capaces de llegar a mercados más allá de sus regiones de origen. Son numerosos los jóvenes diseñadores que, en países muy diversos, han renovado absolutamente la artesanía textil de sus ancestros, introduciendo formas, colores y detalles que marcan un punto distintivo en dicha producción artesana, si bien siempre manteniendo unas raíces de las que se sienten orgullosos y que, además, son cada vez más valoradas en el mercado internacional, en línea con el gusto por lo étnico que domina de manera creciente en dicho mercado de las tendencias. Existen, además, cada vez más diseñadoras que desafían la idea de que el tejido y costura de los bolsos de tela ha de ser un trabajo exclusivamente masculino.

Hacer bolsos de tela es un muestra de la pericia de artesanos con conocimientos muy variados, que desde hace siglos han producido este accesorio, en un primer lugar con una finalidad meramente práctica (imagina, por ejemplo, un bolso cruzado para llevar objetos de un lugar a otro), y progresivamente cada vez más ornamental y hermosa, como auténtico complemento que podía ser marca de clase alta, refinamiento y originalidad. Es el caso, por ejemplo, del bolso de mano para aportar un toque especial a un outfit de fiesta o de los modelos de bolsos de tela brocados o bordados a mano, herederos de una tradición de sofisticada indumentaria que vestían ya las hijas y hermanas de reyes en cuadros que han pasado a la historia del arte. Uno de los elementos más destacados del bolso de tela es justamente su versatilidad: existen modelos para todos los gustos y posibilidades económicas, desde los más sencillos, que pueden fabricarse simplemente partiendo de un tejido al que se le añaden asas o cremallera, hasta los más complejos, que unen a lo anterior decoraciones en metal, broches, pompones... La variedad de colores, tamaños y diseños también es casi infinita, gracias justamente a su fabricación cien por cien handmade. Ello hace que año tras año el bolso sea un complemento imprescindible en cualquier pasarela o revista, pues siempre logra reinventarse y convertirse en tendencia. Existen, también, las bolsas de tela, que constituyen una categoría aparte, puesto que más que accesorios deben ser consideradas elementos para organizar y guardar pequeños objetos dentro del hogar, lo que sin duda también las hace muy prácticas.

Mientras que en sus versiones masculinas acostumbran ser más sobrios, los bolsos para mujer añaden toda una inmensa variedad de detalles y una variedad casi igual de infinita en cuanto a lo que sus tejidos artesanales se refiere: es posible encontrarlos en lana para el invierno, en lino para los meses más calurosos del año, y hasta podremos hallar patrones de bolsos de tela que se basan en textiles muy originales, como el terciopelo o la delicada seda. Cada tejido arteanal aporta un elemento distinto al resultado final, por lo que conocer los puntos fuertes de cada uno y sus variedades es esencial para conseguir bolsos de tela de calidad.

La creciente atención al medio ambiente de muchas clientas también ha conducido al auge de los tejidos sostenibles, producidos de manera ética y ecológica, en lugares en las que no se emplean ni productos químicos ni mano de obra infantil o explotada, es decir, siempre atendiendo a un respeto absoluto hacia las condiciones de sus artesanos. Si bien es cierto que las posibilidades en cuanto a colorido y materiales son este caso más reducidas, a cambio se trata de una compra que prioriza el cuidado del medioambiente y que supone un retorno a los orígenes, a las materias primigenias que el ser humano utilizaba desde que el mundo es mundo. Todo ello, en el marco de un movimiento, el de la moda slow, que obliga a replantear el modo de vida frenético actual y a buscar productos que nos conecten con una existencia más pausada, algo que se manifiesta en aspectos tan diversos como la gastronomía, la belleza o la decoración. La moda slow tiene cada vez un mayor número de adeptas, que valoran la originalidad y calidad de cada una de estas creaciones. 

En los últimos años, el gusto por la recuperación y valorización de lo antiguo ha dado, además, una nueva oportunidad a modelos que habían quedado arrinconados en un rincón, heredados de la madre o la abuela, y que por la calidad del textil con el que han sido fabricados hoy en día recuperan hijas y nietas como genuinos bolsos vintage. También, el gusto por lo hecho a mano ha conducido a muchas personas a aprender cómo hacer bolsos de tela reutilizando retales que tenían en sus casas y dándoles así una nueva vida, en pro de la sostenibilidad y de su propia economía doméstica, al tiempo que encuentran en estas manualidades un modo de desarrollar su propia creatividad fuera de los circuitos masivos de la moda y sus efímeras tendencias. No hace falta más que echar un vistazo a las actividades sociales y culturales de numerosas ciudades para descubrir numerosos talleres de crochet, manejo de máquinas de coser o iniciación al ganchillo en los que el consabido lema anglosajón del "do it yourself" o háztelo tú mismo es el punto de partida fundamental, y también una oportunidad idónea para conocer a otras personas con gustos y motivaciones similares.

Pero como amantes de los viajes que somos en Dunia Hania, en este post queremos realizarte un recorrido diferente: te proponemos descubrir el mundo a través de los bolsos de tela artesanales, pues en cada una de sus costuras y materiales se cuenta una auténtica historia que hoy te desvelamos. Que comience el recorrido: 


Un universo de tejidos

El tejido con el que se fabrican marca, de hecho, el origen de cada uno de estos bolsos. No en vano, los bolsos artesanos, justamente porque son elaborados completamente a mano, han de emplear en dichas elaboraciones los materiales disponibles en el entorno más inmediato de cada creador, desde los más sencillos, idóneos para acompañarnos en actividades de la vida cotidiana como el trabajo o las clases, hasta los más lujosos, para ocasiones especiales, que podían llegar a importarse de lejanos destinos pero que siempre terminaban ajustándose al gusto local. Todo ello los convierte en productos realmente sostenibles, ya que sus componentes no han de recorrer miles de kilómetros para llegar a los artesanos, sino que los obtienen de su medio ambiente más próximo. 

En Indonesia y Malasia, por ejemplo, los bolsos artesanales tradicionales acostumbran ser realizados en batik, una técnica que consiste en aplicar capas de cera sobre aquellas zonas que no se desean teñir, permitiendo, con la superposición de dichas capas, conseguir diversos matices sobre el tejido para lograr un resultado sorprendente; en el continente africano, y especialmente en su parte occidental, los bolsos hechos a mano emplean a menudo esta misma técnica, que se introdujo a mediados del siglo XIX, curiosamente mediante la influencia holandesa sobre el continente. Los comerciantes holandeses solían importarlo de Indonesia, pero pronto adquirió especificidades propiamente africanas, por las que es conocido hoy en día. Fundamentalmente, sus vivos colores, que comparten con los de la vestimenta de sus mujeres o los de la arquitectura de sus ciudades, por mencionar solamente dos casos. Con un ejemplo tan sencillo puedes apreciar hasta qué punto el bolso artesanal es una historia de intercambios, sinergias y combinaciones de orígenes nacionales que pueden parecer insólitas, especialmente cuando hablamos de piezas antiguas, provenientes de tiempos en los que tan difícil resultaba moverse por el mundo y llegar a rincones lejanos, en un momento en el que no existían los grandes y veloces medios de transporte del siglo XXI. Pero si pensamos en la actualidad, esos mestizajes se siguen produciendo: en los bolsos de Marruecos, por ejemplo, el trabajo de cuero realizado por los artesanos árabes puede complementarse con coloridos detalles en tejido de absoluta inspiración bereber, como las piezas de metal o la figura del hombre libre, de tal manera que el complemento final es un compendio de las culturas que habitan el norte de África desde hace miles de años, desde la de los antiguos amazigh hasta la de los árabes que llegaron siglos después desde Asia. Esa sinergia es también especialmente perceptible en las mochilas de cuero marroquíes, auténticas obras de arte en las que a menudo el tejido desempeña un papel fundamental junto a la piel propiamente dicha. Esos bolsos de tela y cuero nos hablan de convivencia y de mestizaje, y son, al mismo tiempo, piezas de una enorme belleza, que además resultan perfectas para las fechas invernales, habida cuenta de que la lana es uno de los tejidos que más a menudo se acostumbra mezclar con la piel animal. La misma mochila, combinada con algodón y con colores más vivos, resultaría perfecta para acudir a una merienda o cena entre amigas durante los meses estivales, lo que de nuevo vuelve a poner de manifiesto la enorme versatilidad de los bolsos artesanales. 

Pocas estampas hay más fascinantes para un turista extranjero cuando se visita la medina de cualquier país árabe o los vibrantes barrios indios que contemplar el trabajo, en vetustos telares artesanales, de hombres que durante milenios han tenido en sus manos el secreto de la lana o el algodón. Y es que a diferencia de nuestro contexto, donde las mujeres son mayoría como tejedoras, en la India o Marruecos difícilmente encontrarás una bolsa de tela o una mochila que haya sido ejecutada por manos femeninas: son los hombres los encargados de ejecutarlas, y transmiten el oficio a sus hijos varones en una genealogía de tejedores que acostumbra extenderse varios milenios. A menudo, además, realizan su trabajo conjuntamente con otros artesanos del mismo sector creativo, reunidos en un patio o edificio donde todos trabajan coordinadamente, al estilo de los gremios de la Europa medieval. Es frecuente encontrar, en estos espacios, un artesano que teje las telas que luego otro terminará rematando con delicados apliques hasta dar forma al producto final, en este caso, los bolsos de tela. El auge de los productos asiáticos y el deseo de emprender nuevos caminos han ido puesto en peligro estos oficios ancestrales, pues muchas nuevas generaciones no desean seguir en los negocios familiares.

Si tienes la oportunidad de acercarte a alguno de estos espacios, no dudes en comprar allí directamente tus accesorios: además de que conseguirás mucho mejores precios que en los propios mercados, vas a tener la oportunidad de comprobar en vivo y en directo cómo se produce el complemento que luego podrás llevarte a tu casa. Es realmente fascinante comprobar los detalles de cada telar, su traqueteo cada vez que se pasa el hilo, la concentración del creador cuando realiza su trabajo o las fotografías que decoran algunos talleres y que permiten hacer un viaje visual por la historia de este oficio, transmitido de generación en generación. Además, de este modo contribuyes a que se siga manteniendo en el tiempo, pues en este como en tantos otros ámbitos, la preeminencia creciente de lo hecho en serie y venido desde Asia amenaza a los pequeños productores locales.

Un ejemplo claro de este tipo de espacios de tejido artesanal es el Fondouk Chejra, en plena medina de Tánger, escondido de la mirada de los visitantes menos curiosos y de las rutas de las guías mayoritarias. Aquí apenas se pueden ver turistas, pero sí muchos marroquíes o extranjeros que habitan la ciudad desde hace tiempo y que aprovechan para hacerse con vistosos tejidos. Los puestos en los que trabajan los artesanos son minúsculos, y parece increíble que puedan desarrollar su trabajo entre tal mezcla de hilos y materiales- Creerás que es imposible que puedan localizar lo que les pides en medio de tal maraña de materiales. Pero, sin embargo, tardarán apenas un segundo en localizar el producto que desees, y  el resultado final de su trabajo en tan reducidos espacios salta a la vista y es presentado con orgullo por cada uno de sus creadores: preciosos manteles de vivos colores, chales, paños y, por supuesto, por lo que se refiere a lo que aquí te estamos contando, bolsos recién salidos del telar. No se puede decir que Fondouk Chejra sea un espacio monumental. Ni siquiera bonito, pues los antiguos arcos en blanco y azul aparecen hoy en día bastante deslucidos tras décadas de abandono. Pero resulta tremendamente pintoresco y te enseñará mucho sobre las artes tradicionales del tejido marroquí. 

Las influencias indígenas

Damos ahora un salto al otro lado del Atlántico: en Latinoamérica, la influencia europea no impidió que se siguiesen desarrollando tradiciones indígenas antiquísimas, que han posibilitado el mantenimiento hasta el día de hoy de corrientes tan ricas como las artesanías mexicanas y las artesanías de Colombia, que nos siguen admirando por su enorme originalidad y por sus detalles típicos, imposibles de encontrar en otras partes del mundo. En muchos de estos países, como Guatemala, conviven elementos técnicos traídos por los españoles, como el telar de pedales, con gustos y modos de hacer propiamente guatemaltecos, como la decoración en base a flores nativas que llevan milenios creciendo en ese país, y que sus antepasados indígenas empleaban en medicina o en la decoración de sus trajes tradicionales. En México, la artesanía de Chiapas tiene un profundo significado en cada detalle y se realiza en técnicas ancestrales como el brocado, que recuperan en sus nombres y diseños elementos propios del universo maya, del que proceden. Chiapas es, de hecho, uno de los Estados mexicanos más fascinantes desde el punto de vista de su artesanía, y sus mochilas y bandoleras dan buena cuenta de ello.

Originarios de países con vegetaciones impresionantes, y herederas de civilizaciones antiquísimas, los bolsos de tela indígenas latinoamericanos destacan, sobre todo, por su riqueza cromática y por el uso de materiales que a menudo son empleados en otros productos artesanos utilizados por las comunidades de las que proceden, como la indumentaria o los cojines. Otra peculiaridad de la artesanía en tela y en concreto de los bolsos realizados en las comunidades indígenas latinoamericanas es el hecho de que las mujeres son sus principales creadoras. Durante siglos han atesorado estos saberes ancestrales de tratamiento de la lana o el algodón, de decoraciones geométricas o de aplicación de bordados y combinaciones específicas de colores, saberes que les permiten tener un papel más o menos activo en la vida pública y garantizar la supervivencia de sus familias a través de su comercialización. La artesanía se ha convertido pues para ellas en toda una herramienta de empoderamiento. Por otro lado, resulta fascinante cómo a través de los bolsos de cuero o de tejido desarrollan todo un universo de símbolos que nos cuenta detalles de la cosmología maya o de la creación del mundo según antiquísimos relatos indígenas que siglos de colonización no han podido borrar e, incluso, historias en las que las propias mujeres son absolutas protagonistas como madres o poderosas divinidades. Es el caso de las mochilas wayuu, cada vez más famosas entre las celebrities de medio mundo, cuya leyenda cuenta que fue la araña o o Wale’ Kerü la que enseñó a las mujeres de dicha tribu todos sus saberes y destrezas en el tejido. También es frecuente en estas creaciones la figura de la mujer maíz como absoluta creadora y dadora de vida.

Sin irnos tan lejos, volvemos al otro lado del Estrecho, a apenas unos pocos kilómetros de España, para hablarte del bolso marroquí, que reivindica asimismo su espacio entre los bolsos artesanales. La riqueza del país, en el que conviven árabes y bereberes, como ya te he contado, se manifiesta también en la variedad de su artesanía, con notables diferencias entre norte y sur: en el norte son muy característicos los bolsos de mujer en tela que toman motivos propios de las jeblia, las mujeres campesinas, muy activas como vendedoras en los zocos tradicionales y en las carreteras de esta parte de Marruecos, y sin duda uno de sus iconos más llamativos para quienes visitan por vez primera este territorio. Su atuendo tradicional, que emplea telas de rayas en rojo y blanco, se utiliza en ocasiones para crear bandoleras y bolsos cruzados que reinventan esos tejidos y les dan un toque más modernizado y adaptado al gusto actual. En algunas ocasiones, el rojo tradicional se cambia por un azul marinero intenso o por el negro, para aumentar las posibilidades cromáticas del resultado final. Incluso se pueden encontrar ejemplos de bolsos que reutilizan elementos tan antiguos y populares como las tiras de las chilabas, la indumentaria tradicional de Marruecos, para convertirlas en unas asas de los más original. Así lo hacen jóvenes creadores que desean mantener su identidad pero adaptándola a los nuevos tiempos, conscientes de que el mercado de lo artesano hace tiempo que ha dejado de ser local y fascina en la actualidad a consumidores de todo el mundo. A menudo formados en Europa, estos jóvenes diseñadores no renuncian a lo que tiene de peculiar y único su propia tradición cultural. Un ejemplo muy claro son las creaciones de Art Aït, que dan un aire actual a figuras tan típicas de la tradición marroquí como el camello o la mano de Fátima, estilizando sus dibujos, pintandolos en vivos colores flúor e incluso combinándolos con lunares o telas vaqueras.

En el sur de Marruecos, a poca distancia del desierto del Sáhara, la tela se combina a menudo con cuero o con lana, elementos que se pueden conseguir fácilmente en esos entornos, en zonas en las que existe una comunidad ganadera muy amplia. Y es que una de las grandes bazas del bolso de tela es su capacidad para adaptarse a los recursos disponibles en el contexto más próximo. Ello permite que sean objetos asequibles y sostenibles, que además pueden servir de medio de trabajo a las comunidades locales, pues se fabrican con materiales al alcance de dichas comunidades. Es por ello que en suelo marroquí se pueden encontrar con relativa frecuencia cooperativas para las que la producción de bolsos artesanales se convierte en sustento fundamental, al tiempo que en un modo de mantener saberes ancestrales de su comunidad que de otro modo correrían el riesgo de perderse para siempre ante el empuje de lo "made in China". Muchas de ellas son cooperativas femeninas, que aportan a las mujeres de la zona un sustento fundamental en regiones extremadamente áridas, en las que la vida es muy dura y resulta complicado que puedan acceder a otro tipo de trabajos remunerados, sobre todo en el ámbito rural. 

En los últimos tiempos, los bolsos de tela se han ido renovando. Han pasado de ser el elemento puramente utilitario que eran en sus orígenes, en los que se empleaban para llevar o cargar objetos de un lado a otro, a reivindicar su belleza y carácter único. Uno de los ejemplos más claros son las ya mencionadas mochilas wayuu de Colombia, cada vez más demandadas en el mercado internacional, pues por su colorido y su cuidada fabricación constituyen verdaderas piezas de arte.  Famosas de todo el mundo las llevan y poco ha poco las vemos cada vez más en las calles de las ciudades españolas, adquiridas por consumidoras que valoran su calidad, resistencia y absoluta originalidad, ya que nunca encontrarás dos unidades iguales. 


Un complemento milenario

Lo cierto es que los bolsos artesanales son tan antiguos como la propia humanidad, pues hay constancia de que ya en la prehistoria exitieron formas primitivas de este objeto. De hecho, hay algunas pinturas rupestres en las que se aprecian figuras femeninas portando objetos ya bastante similares al bolso actual. Se cree, de hecho, que este complemento fue desarrollado por nómadas que lo empleaban para poder transportar los elementos cazados o recolectar las frutas que iban recogiendo en su camino. Esos primeros bolsos se fabricaban usando pieles de animales domésticos o cazados por la tribu, pero pronto, por su gran utilidad, se hizo evidente que lejos de ser un mero complemento, el bolso debería formar parte integrante del atuendo de cualquier persona por su gran versatilidad. La búsqueda, a partir de entonces, se centró en conseguir un método que hiciese del bolso un elemento más manejable y suave. Esa pesquisa duró milenios, y va intrínsecamente ligada a la historia de la humanidad, si bien en un origen con fines únicamente prácticos. De ahí que el bolso sea un objeto tan fascinante que no podemos dejar de estudiar y admirar, pues nos cuenta mucho sobre la evolución y los gustos de una determinada comunidad.

Pronto la tela demostró sus virtudes como material para fabricar bandoleras y bolsos de mano. En una época tan temprana como la Edad Media, ya los bolsitos de las damas se confeccionaban con las mismas telas de sus vestidos y se ataban a la cintura. En esa muestra tan directa de coquetería el bolso ya había pasado del aspecto puramente utilitario a convertirse en un objeto de gran belleza. Pero habrá que esperar a la Revolución Francesa, época en la que nacieron los que se pueden considerar los primeros bolsos entendidos como complemento puramente estético, para verlos ligados a la moda de cada momento, de una manera similar a como los entendemos hoy en día. La llegada del siglo XX, con la liberación femenina en el mundo occidental, eliminó de la indumentaria de la mujer muchas prendas, como el sujetador o el corsé, pero el bolso siguió siendo imprescindible, y prueba de ello es que siempre lo vemos muy presente tanto en las pasarelas que marcan las últimas tendencias como en las revistas del sector.

La magia del bolso artesano

Progresivamente, sin embargo, la fabricación en serie ha hecho que el bolso pierda gran parte de su magia por su masificación y repetición. El lado negativo de la internacionalización de estos productos en un mundo globalizado es que, en muchas ocasiones, comienzan a ser copiados por grandes compañías que se benefician de diseños trabajados durante milenios por pequeñas comunidades, sin reconocer su autoría y por supuesto sin compartir beneficios ni reconocimiento. Es lo que se ha denominado, por parte de sus críticos, la "apropiación cultural", y que quizás recuerdes por la denuncia que la comunidad indígena mixe puso a la diseñadora Isabel Marant por haber copiado, supuestamente, una de sus tradicionales camisas. Por ello es importante apostar, como hacemos en Dunia Hania, por la compra directa a sus creadores, pagando un precio justo a los artesanos y reconociendo que detrás de cada bolso que llega a nuestras manos hay un enorme trabajo y una sabiduría acumulada durante siglos por comunidades enteras. Ese compromiso es lo mínimo que podemos hacer por garantizar que las mochilas y bolsos hechos a mano salgan del anonimato y nos cuenten la historia de quienes los han producido y de los entornos que los han visto nacer. Esa es la grandeza de la artesanía, el traernos un pedacito del universo de sus creadores. De ahí que en todos nuestros productos incluyamos un certificado de autenticidad, en forma de ficha técnica, que recoge el nombre de su autor o autora junto con el lugar exacto del que proceden. 

Tras cada bolso, bandolera y mochila de tela artesanal hay una historia plagada de magia. No se trata únicamente de un producto, sino que es, como en Dunia Hania nos gusta llamarlas, una verdadera "cosita viajera", un objeto con el que recorrer mundo y en el que, cada vez que guardes unas llaves, un teléfono o un ordenador, podrás recordar que estás conectando, en pleno siglo XXI, con los saberes ancestrales de comunidades que se comunican con una Tierra globalizada desde sus saberes milenarios y poniendo a todo lo que hacen mucho, mucho amor.