Entre la técnica y el sentimiento: creando bolsos artesanales de cuero

Entre la técnica y el sentimiento: creando bolsos artesanales de cuero

Reina en el taller del artesano un silencio sepulcral, casi monástico. No en vano, la creación de bolsos artesanales, sean estos bolsos de tela o de piel, tiene mucho de complejo ritual y requiere de una absoluta concentración: lejos de ser solamente un trabajo con el cuero o el tejido, implica una labor a medio camino entre la técnica, que permitirá dominar cada puntada y material hasta lograr el resultado final, y el sentimiento, pues resulta imposible terminar una de estas piezas sin una alta dosis de mimo y de cariño, especialmente en tiempos en los que el mercado está dominado por los productos made in China y resulta tan complicado sobrevivir gracias a un trabajo handmade. La fabricación de bolsos artesanales implica, además, realizar todo un viaje tanto en el tiempo, desde los antiguos creadores hasta los diseñadores actuales, como en el espacio, pues estamos ante un accesorio que veremos, en formas, colores y materiales muy dispares, en la producción artesana de todo el mundo, independientemente de las culturas, religiones o tradiciones mayoritarias. Ya que cada una de ellos es único, en el interior de todo bolso, bandolera o mochila se esconde buena parte del alma de su creador, de sus gustos y materias primas predilectas, de su pericia y experiencia. Al mismo tiempo, son complementos que plasman las especificidades de un determinado colectivo humano y de sus preferencias ornamentales y técnicas a lo largo de la historia.

Entre la amplia gama existente de bolsos para mujer, los de cuero se encuentran indudablemente entre los favoritos de muchas generaciones, por su belleza y durabilidad. Son piezas de gran calidad, que bien en su forma típica, bien en combinaciones más novedosas como los bolsos de tela y cuero, llevan formando parte de la vida cotidiana y de la industria de la moda desde hace siglos. Si bien otras modalidades de complementos han dejado de emplearse conforme ha pasado el tiempo y dejaban de estar de moda, el bolso de cuero es un accesorio atemporal definido por su calidad. No es casualidad que sea una pieza que se transmite de madres a hijas: tiene diversas cualidades que justifican esta querencia particular hacia un accesorio aparentemente tan sencillo. Un bolso de cuero artesanal no solamente se irá suavizando con el paso del tiempo sino que, como el buen vino, su belleza irá aumentando conforme pasen los años y se vaya adaptando al uso que cada persona le dé, incluso modificando su forma dependiendo de tales utilizaciones particulares.

Por otro lado, si bien hacer bolsos de tela ya requiere de conocimientos de costura, combinación de colores, creación de patrones... en el caso del cuero la complejidad es todavía mayor. La artesanía de cuero tiene una extensa tradición en España, que alcanzó uno de sus máximos momentos de apogeo durante el periodo islámico. Muchísimos elementos de indumentaria y hasta armas se elaboraban con la piel de los animales. El tratamiento y fabricación de este material implica un laborioso proceso hasta dar con el resultado final, en este caso que nos ocupa, el bolso en sus distintas versiones: mochila, bandolera, bolso de mano, bolso cruzado... Bien sabían de esa complejidad todos los artesanos que, organizados en gremios, producían su piezas tanto para las ocasiones más cotidianas como para las élites de la sociedad, que les encargaban sillas de montar, fundas para sus armas y originales vestimentas hasta, al menos, principios del siglo XX. 

Las propiedades del cuero han sido apreciadas prácticamente desde los mismos inicios de la historia de la Humanidad. Se calcula que desde hace unos treinta mil años la piel extraída de animales se utiliza en la indumentaria, pues resulta cálida, impermeable y notablemente resistente. Todas las civilizaciones la han utilizado, e incluso en tiempos del Imperio Romano, un material que hoy en día nos parece tan habitual terminó por provocar una guerra con Cartago. Los árabes lo trabajaron con enorme sutileza, en formatos y colores muy variados, y parte de sus habilidades han quedado en el origen de la enorme tradición del cuero que sigue existiendo en España, con técnicas propias como la marroquinería. En pleno 2016, un acto aparentemente tan sencillo y cotidiano como comprar mochilas de cuero sigue siendo un verdadero placer, por la gran cantidad de formas, colores y tamaños que puedes encontrar y por la belleza innegable del resultado final, la mochila de cuero artesanal. 

Un procedimiento de fabricación laborioso y de notable complejidad

Si te estás preguntando cómo hacer bolsos de cuero a mano, lo primero que debes tener en cuenta es que estamos ante un procedimiento con varias fases, que se debe desarrollar a lo largo de una serie de días y que implica una gran pericia por parte del artesano. Si bien la artesanía en cuero incluye desde cinturones hasta carteras, los bolsos hechos a mano se encuentran sin duda entre las piezas más complejas y también entre las más producidas, pues se han terminado convirtiendo en objetos de uso diario con sentido estético, desde luego para mujeres y también en los últimos tiempos para hombres. Teniendo en cuenta que se realizan de una manera absolutamente artesana, sin el uso de ninguna maquinaria industrial, la habilidad del creador es aquí la clave que determinará la calidad del producto final. Se necesitan años de experiencia y mucha paciencia hasta llegar a él. Se trata de un procedimiento que en lugares como España se ha ido perdiendo progresivamente ante el empuje de lo fabricado en serie, pero que en otros países como Marruecos sigue formando parte del día a día de muchas comunidades. 

El proceso se inicia con la selección de las pieles más adecuadas para producir las mochilas de cuero, los bolsos cruzados o los clutchs que se desee crear. El criterio de elección debe combinar la calidad (atendiendo también a la preferencia de texturas y colores del propio artesano o de sus clientes) con las tendencias dominantes en cada momento o país. Se trata de conseguir productos resistentes, que se mantengan en buen estado con el paso del tiempo, y que al mismo tiempo se adapten a la moda propia de cada año. Los bolsos de cuero marroquí, por ejemplo, acostumbran emplear colores vivos y animales muy variados, desde la cabra y la ternera hasta el camello. Son complementos enormemente sostenibles, pues emplean en su fabricación las materias primas existentes en el entorno más inmediato. Los bolsos de Marruecos a menudo, además, se presentan decorados con motivos metálicos geométricos o de enorme simbolismo, como la mano de Fátima, considerado tradicionalmente un símbolo protector en diversas culturas del Mediterráneo que se emplea también en llamadores de puertas, colgantes...

El proceso de selección de las pieles implica un alto grado de precisión, pues de él depende en buena medida el resultado final. El artesano encargado de ello deberá saber escoger las mejores piezas, reconociendo además las cualidades o defectos del animal particular con el que esté trabajando. Hay que distinguir los defectos que le restan belleza de aquellos otros propios del cuero que, lejos de ser negativos, le aportan autenticidad al producto final, pues siendo el cuero un material noble es interesante buscar sus imperfecciones en forma de cortes o dobleces, que dotarán a la pieza de personalidad, al tiempo que actúan como sello que atestigua que no compras un producto industrial. Además de la piel en sí, y dependiendo del diseño de bolso por el que optemos, puede ser necesario también adquirir en esta fase inicial telas, fornituras, hilos... Las posibilidades de diseño son casi infinitas y su única limitación es la imaginación y los conocimientos técnicos del artesano. 

Las diferentes fases en la creación de un bolso artesanal

Mucho antes de que la piel esté lista para acabar creando bolsos de mano o una preciosa mochila de cuero, se desarrolla un complejo proceso de elaboración que conlleva diversos tratamientos. El primero de ellos es el que se denomina "pelambre", o acción de quitar el pelo a las pieles. A continuación se realiza la curtición o desnaturalización, que permite transformar el cuero en un producto apto para su comercialización. Gracias al empleo de sales minerales se eliminan proteínas grasas y otros restos que puedan haber quedado en la piel. De este modo se mejora su apariencia externa y, al mismo tiempo, se asegura la estabilidad química y biológica que evitará que el material se pudra en el futuro. Gracias a esta fase puedes seguir teniendo bolsos vintage en piel que no han perdido ni un ápice de su calidad por muchos años que hayan pasado. 

Una vez ya curtida, la piel se somete a un proceso de recurtición que le otorgará sus características finales, añadiendo refinamiento a la curtición inicial: mayor suavidad, textura más definida... Gracias a esta fase es posible adaptar el material al diseño deseado por cada clienta. El corte posterior debe adaptarse a la perfección al concepto original de diseño que el creador tenía en mente a la hora de pensar en sus bolsos artesanales de cuero.

A continuación se debe realizar la tintura o coloración, hasta ajustar el color final que se desee. En un bolso o mochila de piel artesanal es, por supuesto, un proceso cien por cien ejecutado a mano, que en ciertos países se realiza en enormes tinajas llenas del color que se quiera emplear, siempre obtenido a partir de los elementos vegetales y animales más cercanos. Es el caso de Marruecos, donde los tintoreros de Fez constituyen una de las estampas más conocidas en cualquier visita a esta ciudad, imprescindible en cualquier guía turística, y siguen modificando el color del cuero tal y como sin duda debieron hacerlo sus ancestros más remotos. Se trata de una tarea muy laboriosa, que implica varias jornadas de trabajo para sumergir y dejar que el material absorba la tonalidad deseada. También se requieren buenas dosis de fuerza física para introducir las enormes piezas de cuero en las tinajas. Tras el teñido llega el secado. El realizado al aire libre es más lento, pero empleándolo la piel sufre menos y se consigue evaporar toda la humedad. Eso sí, dado que se trata de un procedimiento que depende de las condiciones meteorológicas, su tiempo de realización puede llegar a variar notablemente, pero también las consecuencias para el medio ambiente son mucho menos dañinas que las que conlleva un procedimiento químico y artifical. 

Curtidas, secadas y primorosamente cortadas, las distintas partes deben ensamblarse, para que la idea de las mochilas de piel o bolsos de cuero artesanos iniciales, presente únicamente en la imaginación del creador, tome forma. Es un trabajo extremadamente minucioso que se realiza enteramente a mano, por lo que requiere un alto grado de conocimiento y experiencia para poder tratar un material a menudo duro e irregular. El artesano ha de saber coser de una manera fina, derecha y simétrica, para que cada detalle encaje a la perfección con el siguiente y con todo el conjunto. Y es que a diferencia del cosido en serie o de la creación de diferentes modelos de bolsos de tela, sobre la piel cualquier puntada en falso deja una marca permanente e indeleble, y un pequeño agujero nunca se podrá volver a cerrar, lo que deja la pieza definitivamente dañada y a menudo imposible de vender. La precisión es en esta fase una exigencia absoluta.

La importancia del toque final

Ejecutadas todas las fases anteriores, llega el momento de poner en práctica todo el refinamiento propio del artesano de los bolsos de cuero hechos a mano: los acabados finales. Aquí se pueden realizar desde estampaciones hasta grabados, pasando por la aplicación de detalles decorativos en forma de flecos, espejos, elementos metálicos... Incluso hay en la actualidad propuestas más arriesgadas, que combinan el cuero con la fotografía o los collages para aportar un toque artístico. Cuantos más bolsillos, cierres o accesorios extra incluya el bolso, más complicado y largo será su proceso de finalización. Las posibilidades ornamentales son casi infinitas, y dependen del estilo que cada creador quiera inspirar a su obra: un accesorio de inspiración bohemia optará por los flecos, uno natural puede que introduzca elementos de mimbre o lino, mientras que si se pretende conseguir la sobriedad absoluta lo mejor será reducir la decoración al mínimo y trabajar intensamente las costuras y cierres para conseguir un acabado perfecto, respetando el tono natural de la piel del animal. Una simple mochila de cuero artesanal puede cambiar completamente añadiéndole, por ejemplo, algún detalle en tejido o un vistoso cierre metálico. La fase de acabado final es fundamental, pues de ella dependerá también en gran medida la calidad del bolso resultante: una costura mal rematada o una hebilla rota puede dar al traste con todo el proceso creativo anterior. Si ese producto definitivo no se corresponde con el diseño original que el artesano tenía en su cabeza, también perderá personalidad. Es, por tanto, fundamental, prestar atención a cada detalle y revisar concienzudamente todo el ensamblaje.

En resumen, a la hora de crear bolsos artesanales de cuero, una serie de elementos resultan esenciales, y distinguen este proceso de las técnicas de producción en serie o de la fabricación en base a otros materiales, como el tejido: en primer lugar, sin duda la calidad de la propia piel, que influirá tanto en sus posibilidades de cosido y forma como, evidentemente, en la calidad final; la experiencia del artesano, fundamental en cada fase y especialmente en las de selección y cosido, por la especial precisión que ambas demandan, lo que exige del creador amplios conocimientos para poder solucionar los posibles imprevistos que vayan surgiendo; la calma y la paciencia en cada detalle, que se convierte en la manera más certera de asegurar la perfección, tanto en el manejo de la aguja como en aspectos aparentemente más sencillos como la aplicación de un fleco o un sistema de cierre. Solamente prestando atención exquisita a todas y cada una de las fases se podrá crear algo verdaderamente bello. Sin duda, ser artesano del cuero tiene mucho de devoción hacia el propio trabajo, pues se trata de una labor compleja y a la que han de destinarse muchas horas, a menudo con resultado incierto, pues cualquier pequeño defecto puede terminar invalidando la pieza.

Por todo ello, crear bolsos artesanales de cuero tiene mucho de arte. Cierto es que la técnica resulta esencial para asegurar el refinamiento final, pero además de ella son necesarias ingentes dosis de mimo y cariño. Tenlo muy en cuenta la próxima vez que debas considerar la compra de una bandolera o mochila de piel: evidentemente puedes conseguirla mucho más barata si no estás ante un accesorio hecho a mano o si la piel es sintética, pero no te dejes engañar por esas aparentes "ventajas" de lo fabricado en serie, pues la diferencia con los bolsos artesanales será mucho más abismal que la del precio: en cada una de las piezas handmade se plasma un profundo sentimiento que se materializa cada vez que el artesano, aguja en mano, comienza a trabajar un material tan antiguo como el propio ser humano.

Foto de portada de Víctor Gómez, con licencia Creative Commons.