Artesanía mexicana: linda, querida y colorida

Artesanía mexicana: linda, querida y colorida 

México es un torrente de colores, de música, de culturas precolombinas cuya fuerza penetra por los poros de todo el país. Y, es también, un lugar de una riqueza artesanal impresionante. Las artesanías mexicanas nacieron en los siglos anteriores a la conquista española, y esas expresiones artísticas se han entremezclado con las europeas, con la vigorosidad mestiza que caracteriza a todo México: alfarería, cestería, orfebrería en oro, plata y cobre, tejidos elaborados con los característicos telares de cintura, máscaras, cajas de madera decoradas, velas, mochilas, bolsos... Las culturas mesoamericanas fueron la base a la que se añadieron, tras la conquista, conocimientos variados que se sumaron a las antiguas técnicas. Los colonizadores llevaron el vidrio, el cartón, el hierro forjado y el aprovechamiento de la cera, así como el telar de pedal o la fabricación de la peculiar cerámica de Talavera, que no por casualidad recibe el nombre de esa localidad toledana, con la que comparte colores y motivos decorativos. A diferencia de otros lugares, donde los productos artesanos casi han desaparecido frente al empuje de la industrialización, muchas de las artesanías mexicanas siguen manteniendo su función en la vida cotidiana, por su resistencia y practicidad. Es el caso de las ollas de barro, las mesas de marquetería, las macetas de barro pintado, las cazuelas de cobre o los manteles artesanales mexicanos.

Variedad de procedencias y orgullo indígena

La artesanía mexicana presenta notables diferencias en función de las regiones en las que se produce, de manera que, más que en singular, conviene hablar de "artesanías mexicanas", cada una con su propio sello distintivo. Por ejemplo, los Estados con predominio huichol se caracterizan por sus coloridos y psicodélicos diseños, entre los que destacan las tablas de estambre y las representaciones esotéricas y mitológicas. También destacan sus mascaras, figurilas y cruces, que lo mismo pueden representar animales que hacer referencia a la inmensidad del cosmos. Y aunque el fierro forjado se trabaja en muchas poblaciones, en el Valle de Bravo adquiere un especial desarrollo. El barro negro, por su parte, es propio de un pequeño pueblo de Oaxaca, San Bartolo Coyotepec.

La artesanía mexicana es muy original por su mezcla de influencias, pero también por su estrecha relación con la identidad indígena, palpable en muchos de sus productos y técnicas y reivindicativa de una identidad propia, muy rica y desarrollada desde siglos antes de la llegada de los primeros españoles. Precisamente de esas culturas prehispánicas ha mantenido su audaz uso de los colores, que decoraban antiquísimas pirámides, templos, murales, textiles y objetos religiosos, y cuyos tonos brillantes y llamativos se han mantenido en los productos hechos a mano de la actualidad, como las cajas decorativas de México.

Mestizaje de materiales y técnicas

De entre la inmensa variedad de tipologías artesanas, la cerámica es una de las que se ha trabajado en mayor medida. Se consideraba, en tiempos del Imperio Azteca, una autentica forma de arte, y a fe que productos como las velas decorativas en México adquieren ese mismo carácter de producto casi museístico. Los aztecas creían que el conocimiento alfarero había venido del dios Quetzalcóatl, y algo de mágico tienen esas manos que hoy en día trabajan el barro negro para convertir la simple arcilla en un producto de verdadera orfebrería cerámica. Los españoles añadieron la rueda del alfarero a las tradicionales técnicas prehispánicas. Uno de los lugares de mayor belleza alfarera es Puebla, una localidad en la que muchos edificios y cocinas están revestidos con azulejos de la variedad de Talavera, de intrincados motivos decorativos. Los azulejos se empleaban extensamente en el México colonial y su presencia ha llegado hasta la actualidad. Lo mismo sucede con los jarrones artesanales mexicanos, un producto tradicional que se sigue empleando extensamente hoy en día.

El trabajo con metales, especialmente la plata, el oro y el cobre, era ya muy habitual cuando los españoles llegaron. De hecho, se dice que los indígenas que los recibieron lo hicieron en muchos casos con piezas elaboradas con estos materiales. En el México prehispánico se conocían numerosas técnicas de trabajo del metal, algunas de ellas hoy perdidas, como la de la cera. El metal se empleaba fundamentalmente para crear hermosa joyería artesanal mexicana, que se vio enriquecida con la filigrana introducida por los españoles, y que consistía en encadenar pequeños hilos de metal a la tradicional bisutería artesanal mexicana. Paradójicamente, si tenemos en cuenta esa pericia de la población indígena en el trabajo del metal, durante la época colonial se le prohibió trabajar con metales preciosos. Sin embargo, esas hermosísimas tradiciones y diseños indígenas, lejos de perderse, han revivido en los últimos años, con Taxco como centro de la platería mexicana. Por su parte, Michoacán concentra la mayor parte del trabajo realizado en cobre.

El tejido de telas artesanales lo practican en México hombres, mujeres y niños, que con fibras muy variadas elaboran manteles, canastas o sombreros. El papel no solamente se emplea en la elaboración de hermosos cuadernos artesanales, sino que tambien se fabrica desde tiempos prehispánicos, fundamentalmente con la corteza de la morera, en el caso del blanco, y del ficus o las brevas para las variantes más oscuras. Otra variedad muy curiosa de este material es el papel picado, que se emplea en diversas celebraciones típicamente mexicanas, como el Día de Muertos, para decorar las calles y llenarlas de vibrantes colores. Justamente el Día de Muertos es una de las fechas en las que más artesanías se producen, muy vinculadas todas ellas a ese universo de calacas y de visión festiva de la muerte que caracteriza al país y que tanto asombra en otras latitudes: desde artesanías decoradas para crear ofrendas, hasta esqueletos decorados que representan diferentes profesiones. La muerte es un elemento muy presente en las miniaturas mexicanas, pequeñas obras de arte que en minúsculas cajitas son en sí mismas un ejemplo del sincretismo artesanal de México, pues en una misma miniatura se pueden combinar esqueletos, mariachis y una representación de Frida Kahlo.

Colorido y vida singular 

El mismo colorido que domina las miniaturas pinta los alebrijes, una de las señas de identidad de la artesanía mexicana: se trata de pequeñas piezas en madera o cartón que representan criaturas imaginarias y animales fantasiosos, presentados con gran detallismo y que parecen extraídos de los mismos sueños. Muchos de ellos son elaborados en el Estado de Oaxaca, en cuyos pueblos la planta baja de las casas son talleres y tiendas dedicados a su venta y elaboración.

En el centro del país, y especialmente en Metepec, se practica un tipo de artesanía que ha dado fama a México a nivel mundial: los árboles de la vida, esculturas de barro en las que en torno a este elemento vegetal, con caracteres sagrados, se disponen diversas alegorías con profusión de detalles y colores. Los árboles  de la vida deberían haberse empleado, según la tradición, para representar pasajes bíblicos y de ese modo contribuir a la expansión del cristianismo y su mensaje. Sin embargo, con el paso del tiempo el abanico de temas se ha extendido hasta abarcar diversas escenas de la vida cotidiana.

La lista de productos de las artesanías mexicanas podría extenderse y extenderse, pero se quedaría incompleta si no mencionamos el sarape, una vestimenta propia de la ciudad de Saltillo y sus alrededores. De formato rectangular y gran colorido, su antecedente directo son las prendas realizadas en telares de cintura y en yute por las mujeres del México prehispánico. El saltillo actual se hace en algodón y en telares mucho más modernos, pero sigue guardando su esencia de autenticidad. ¡Que viva México!